Pedrito andaba muy preocupado dando vueltas de un lado para otro, tal parecía que buscaba algo. Quizá había perdido algo muy valioso… Mientras caminaba por una de las aceras de su pequeño pueblo vio a quien todos llamaban con respeto “El anciano”. Lo consideraba su amigo y disfrutaba mucho de su compañía y de las historias que le contaba. El Anciano estaba regando las plantas de su pequeño jardín. De pronto, a Pedrito se le iluminó el rostro, como si se le ocurriese una gran idea.
Se acercó al anciano y desde la acera le saludó: “Buenos días, señor. ¡Qué bonitas están sus plantas! Tal parece que bailan bajo la regadera.”
Lentamente el anciano se volteó para mirarle y dijo: “Buenos días, Pedrito. ¿Qué te trae por aquí tan temprano?”
El niño le contestó con timidez: “
__ Pues… mi papá me dijo que si deseaba aprender tendría que encontrar un buen maestro. Sabe usted adonde puedo encontrar uno muy bueno porque deseo aprender muchas cosas. Usted conoce a todas las personas de este pueblo y puede ayudarme. ¿Cómo podré saber quien lo es?
El anciano sonrió y sus ojos cansados se iluminaron. Invitó al niño a entrar a su jardín. Colocó la regadera en una esquina y lo tomó de la mano. Juntos fueron a sentarse en un banco bajo la sombra de un hermoso árbol de mangó que él mismo había sembrado hace algunos años. Ahora disfrutaba de su sombra y de sus frutos.
__ Veamos Pedrito… un buen maestro te enseñará a pensar y a reflexionar sobre el sentido común de las cosas. Sabe dar lo mejor de sí a los demás. Sus enseñanzas reflejan su amor y propician la unidad de los seres humanos.
__ ¿Ajá? Mis maestros de la escuelita me obligan a memorizar cosas que a veces no entiendo y a las que no les veo utilidad. Fíjese que hasta me parecen muy aburridas, claro yo no les digo nada porque me da pena decirlo.
El Anciano sonrió. Cortó una flor, la tomó con delicadeza en sus arrugadas manos, cerró los ojos y aspiró su perfume. Luego, se la entregó a Pedrito quien hizo exactamente lo mismo.
__Es muy bella y delicada. Huele muy rico, me gustaría regalársela a mi mamá que es muy buena.
__ ”Pedrito, para saber quien es un buen maestro__ le dijo el anciano rascándose la cabeza__ basta con que observes que es lo que da”.
__ ¿Eso es todo lo que tengo que hacer para encontrar un buen maestro? ¡Vaya!
Pedrito se quedó pensativo y el Anciano añadió:
__ Un buen maestro se ama a sí mismo, se respeta y respeta a los demás. Considera que la vida es un milagro. Se conduce con humildad, se compadece de otros, ama la naturaleza, respeta la vida que le rodea y se esfuerza por ser mejor cada día. Perdona de corazón…Observa Pedrito, observa y lo encontrarás.
__ Ya veo, ya veo, pues entonces observaré a todos con mucho cuidado y encontraré un maestro para mí. Gracias Anciano es usted un gran amigo. Ya le contaré si lo encuentro.
Pedrito se despidió del Anciano y se fue a su casa. El Anciano le observó amorosamente. Pensó en lo crecidito que estaba y en lo mucho que lo quería.
Después de varios días Pedrito regresó al jardín del Anciano. Venía muy contento. Miraba a todos lados y sonreía. Saludaba a las personas que encontraba en su camino y se extasiaba observando las plantas y el sol.
El anciano lo saludó:
__ ¡Hola Pedrito!, vienes muy contento imagino que encontraste a tu maestro.
__ ¡Vaya que sí! Encontré a muchos maestros de esos que usted habla. Fíjese, mi papá es agricultor, se levanta muy temprano para ir a trabajar “su tierrita” como él dice. Regresa a casa sucio y muy cansado, pero aún así me abraza y me dice: “con el sudor de mi frente traigo a esta mesa el fruto de mi amor por ustedes” yo no lo entendía , pero ahora lo comprendo. Él es un maestro. ¿Me equivoco?
__ Estás en lo cierto. Continúa, continúa.
__ Vi que don José, mi vecino, es compasivo y ayuda al necesitado. Doña Rosa ama las plantas y cuida a los animalitos realengos, les da de comer. Nico me perdonó porque rompí su carrito preferido (claro fue sin querer). Anita vino a verme a casa cuando estaba resfriado y Chispita mi perrita me hace compañía cuando estoy muy triste. El sol me calienta cuando tengo frío y el agua calma mi sed. Creo que allá afuera hay muchos maestros.
El Anciano, lleno de regocijo le dio un fuerte abrazo y le respondió:
__ A medida que crezcas te percatarás de que el verdadero maestro no sólo enseña, sino que escucha la voz del conocimiento interno, la Voz del Espíritu que contiene la única Verdad. El verdadero maestro está en tu corazón y sólo tienes que conectarte a él para conocer la verdad. Te felicito porque has encontrado muchos maestros ya que de todo lo que te rodea puedes aprender. La vida tiene muchos maestros, cada experiencia en sí lo es.
Pedrito brillaba de alegría y su joven corazón latía emocionado.
__Sí, Anciano, creceré y seguiré encontrando a mis maestros. Así iré descubriendo lo que necesito saber. Gracias por ayudarme, gracias. Usted también es un maestro.